“Nada es tan valioso como mantener la calma en medio de la tormenta”


“Nada es tan valioso como mantener la calma en medio de la tormenta”. Esta frase atribuida a Arthur Wellesley -Primer Duque de Wellington y destacado militar, estadista y político británico del siglo XIX, célebre por derrotar a Napoleón Bonaparte– no pierde vigencia y toma mayor dimensión en tiempos de crisis.
Si se piensa en su relevancia, no puede dejar de mencionarse, tal como resume el sitio Ok Diario, que su presumible autor vivió algunas de las situaciones más exigentes de la historia europea y dejó una huella profunda en el ámbito militar y en la política, como con la victoria en Waterloo.
Nacido en Dublín en 1769 y con una destacada carrera militar al servicio del ejército británico, participó en campañas en India y la península ibérica durante la guerra de la Independencia española. En esos enfrentamientos, obtuvo triunfos que resultaron fundamentales para debilitar el dominio napoleónico en Europa.
Su momento cúlmine llegó el 18 de junio de 1815, cuando comandó las fuerzas aliadas que derrotaron a Napoleón en la batalla de Waterloo, en la actual Bélgica.
Este triunfo puso fin al regreso al poder del emperador francés y consolidó la reputación de Wellington como uno de los grandes comandantes militares de su época.
Más tarde, entre 1828 y 1830, ocupó el cargo de primer ministro del Reino Unido.
En cuanto a la frase citada, uno de los tópicos principales es el valor de la serenidad para enfrentar situaciones que nos llegan en forma directa y resultan imposibles de controlar.
Ante estas circunstancias, la prudencia será nuestra aliada para ganar claridad y pensar en la mejor alternativa a ese problema.
La obligada salvedad: esto no significa permanecer inactivo o no enfrentar las situaciones que ocurran. Tampoco subestimar el dolor y demás emociones que puede generarlos.
Reconocer cómo estamos y buscar desde el estado de mayor sosiego posible la mejor respuesta son buenos pasos para seguir.
Al mismo tiempo, es bueno detectar y tratar de evitar los arrebatos o decisiones tomadas de manera intempestiva y sin sopesar las consecuencias o riesgos.
En momentos límite, las reacciones impulsivas pueden ser contraproducentes.
Por otro lado, no puede dejar de mencionarse que la calma es el mejor estado para evaluar la magnitud de un hecho. Ante un suceso inesperado, la primera reacción puede ser la desesperación absoluta.
Ya decantada esa noticia, es posible que logremos dar la justa dimensión al problema -aunque objetivamente sea de magnitud- y que surjan soluciones o la actitud más adecuada para abordar la circunstancia
En esos momentos de tensión y confusión, una buena forma de lograr la serenidad es recurrir a la respiración 4-7-8, también conocida como “respiración relajante”.
Consiste en inspirar durante 4 segundos, retener el aire durante 7 segundos y exhalar durante 8 segundos.
La secuencia tiene como objetivo reducir la ansiedad y hasta facilita el sueño.
Fuente: www.clarin.com



